Los diversos actores implantados en el primer siglo de vida colonial en Nueva España y en el resto de las Indias se mezclaron entre diversos horizontes estructurando un nuevo espacio de convivencia, de orden político y jurídico, pero sobre todo, un nuevo modelo económico. Un elemento que permitió el desarrollo económico novohispano fue el comercio, el cual fue dirigido por un grupo de individuos que posteriormente establecerían un gremio, los mercaderes.
Los comerciantes embarcados a América y de manera particular en territorio novohispano, pertenecieron generalmente a un grupo familiar de origen Peninsular, manifestando diversos mecanismos, por un lado, individuos que nacieron en el Viejo Mundo pero hicieron carrera y/o asentaron su residencia en Nueva España, por otro lado, familiares posicionados en diversas partes intercoloniales como el Caribe, Guatemala, Panamá, Perú y Filipinas, formando poderosas familias mercantiles.
Por ejemplo, Antonio Fernández de Escalada fue vecino de Sevilla y se encontraba casado con Mencía de Herrera y Limpias, ambos decidieron pasar a Nueva España en el año de 1604, sin embargo, en el nuevo reino los esperó el primo de la mujer quien era un mercader de la ciudad de México. Otro caso similar fue Juan Ibáñez de la Vega con vecindad en Sevilla, el cual estuvo casado y con dos hijas, decidió pasar en el mismo año (1604) a Nueva España, y dio relación que viviría con su tío Rodrigo de Villanueva quien era mercader en México. Los anteriores casos permiten inferir que se trataba de un posible inicio de una red familiar con esferas comerciales quizá en menor escala.
Hubo otros individuos que tuvieron la visión de comerciar entre los reinos de Castilla y Nueva España, sin embargo, encontramos que esta actividad no se basó únicamente en la simplicidad de llevar mercancías a un punto comercial. Los mercaderes pedían permiso a través de una licencia para pasar a Indias y vender sus mercancías, sin embargo, en ocasiones solicitaron prórrogas para permanecer más tiempo en ese lugar, tal fue el caso de Juan Francisco de Miranda quien pidió dicho aplazamiento en 1578, y en 1580 encontramos en la documentación a su esposa Luisa de Medina solicitando nuevamente otra concesión a favor de su marido por un año más en México, cabe mencionar que para dicha fecha era reconocido como estante en la capital novohispana.
La complejidad de la movilización a través de los comerciantes fue tal, que no correspondió a un solo perfil la configuración de dicha corporación, encontramos otros casos en donde el individuo estuvo convencido de echar raíces en Nueva España y al paso de algunos años pasó su mujer a los reinos, por ejemplo, Francisco de Vera reconocido como mercader y vecino de México estuvo casado con Leonor de Fisco, vecina de Sevilla la cual pasó a vivir junto a su marido así como sus hijos y una criada.
Por otro lado, hubo mercaderes que llegaron a territorio novohispano siendo solteros, y posteriormente se casaron y optaron por echar raíces en dicho espacio. Por ello, es necesario considerar la forma de movilización que realizaron los comerciantes, la cual dependió de los vínculos que tuvo en Nueva España desde Castilla, las alianzas matrimoniales previas o luego concretadas, la individualidad de cada mercader y la capacidad de sorprenderse por lo que ofrecieron los nuevos reinos americanos.