La presente reflexión está guiada a partir de la importancia que tuvo Nueva España como un espacio de actividades mercantiles para los comerciantes de los reinos de Castilla, esto se expresó en el momento de solicitar una licencia para pasar a las Indias y los dos principales destinos de los mercaderes fueron el reino de Perú y México, a donde llegaban con sus mercancías para realizar compañías, contratos etc.
El siglo XVI fue un periodo de continuas transformaciones que repercuten en la estructura comercial novohispana, el puerto de Veracruz permitió el desarrollo mercantil hacia el Atlántico, empero, el descubrimiento de las Islas del Poniente luego llamadas Islas Filipinas hacia la década de 1540 y su conquista dos décadas después, posicionaron a Acapulco como un fuerte puerto vinculado al Pacífico, el cual fungió como un medio para lograr alcanzar el comercio con Oriente por medio del galeón de Manila o nao de China.
Podríamos inferir que la ciudad de México alcanzó un desarrollo comercial y organización del propio gremio, una evidencia es cuando solicitaron los mercaderes, la petición de que la Audiencia no se encargara más de los pleitos y diferencias que surgían respecto a la contratación, compañías y encomiendas de las mercancías que llegaban a los puertos de Nueva España mediante flotas y navíos de varias partes intercoloniales y trasatlánticas, porque se tardaban mucho en resolver y además, generó un problema de competencia.
Los mercaderes que ya controlaban las actividades comerciales, desde principios de la década de 1580 solicitaron la creación de un Consulado el cual sería regulado por ellos mismos, encargándose de los asuntos mercantiles ya que eran los que conocían los precios, los impuestos de las averías, el almojarifazgo y las alcabalas, así como las rutas de comercio y los sistemas de navegación. La fundación del Consulado de comerciantes en 1592 puso en una esfera de competencia a la ciudad de México con los centros comerciales de la Corona de Castilla como Sevilla, Burgos, Granada y Bilbao, convirtiéndose en ese sentido en un importante intermediario entre América colonial, el Sudeste Asiático y la Península Ibérica.
El siguiente mapa representa el interés de los comerciantes por insertarse en el comercio novohispano, encontrando el primer punto de localización en la ciudad de México.
